Bre-b: la oportunidad para construir un sistema financiero más humano, ágil y conectado

Bre-b: la oportunidad para construir un sistema financiero más humano, ágil y conectado

A pocos meses del lanzamiento oficial de Bre-B, el nuevo sistema de pagos inmediatos e interoperables del Banco de la República de Colombia, es el momento oportuno para reflexionar sobre lo que este hito representa para el país, y especialmente, para sus ciudadanos.

Colombia no parte de cero. La región ha visto cómo países como Brasil, con su plataforma Pix, lograron reducir drásticamente el uso del efectivo e incorporar millones de personas al sistema financiero formal. Solo en su primer año, Pix alcanzó más de 100 millones de usuarios. Paralelamente, el Open Finance brasileño, impulsado por el Banco Central, ha incentivado un modelo financiero más competitivo, basado en la compartición voluntaria de datos del usuario.

En contraste, la mayoría de los países de América Latina (excluyendo Brasil) aún muestran una adopción de open banking inferior al 5%. Pero esto no implica falta de potencial, sino una brecha de ejecución y confianza que iniciativas como Bre-b buscan cerrar.

Europa ya vivió esta transformación con la directiva PSD2, que abrió paso a modelos colaborativos, donde bancos tradicionales y nuevos actores coexisten en un ecosistema de servicios conectados.

De productos a personas: el cambio de paradigma que trae Bre-B

El verdadero impacto de Bre-b no está en la velocidad de las transacciones, sino en cómo redefine los vínculos entre instituciones, tecnología y personas. El sistema no solo habilita pagos en tiempo real, sino que fuerza una evolución en los modelos mentales tradicionales: pasar de una banca centrada en productos a una banca centrada en relaciones, experiencias y confianza.

Según el informe Prime Time for Real-Time Payments 2024 de ACI Worldwide, se estima que el 75% de todas las transacciones digitales globales serán en tiempo real para 2028. Este dato no solo refleja una tendencia tecnológica, sino una transformación en las expectativas del consumidor.

Un nuevo paradigma: interoperabilidad, datos y propósito

Bre-b no representa un cambio aislado. Su despliegue está estrechamente vinculado con una evolución conceptual en tres dimensiones clave del sistema financiero:

1. Interoperabilidad como estándar, no como excepción. Los sistemas financieros deben ser capaces de comunicarse de forma fluida, eliminando las barreras entre instituciones y favoreciendo una experiencia continua para el usuario.

2. Gobierno del dato como base de personalización, garantizando que el acceso y uso de la información financiera se realice bajo principios de seguridad, consentimiento y trazabilidad.

3. Propósito compartido, donde el valor no se mida solo por eficiencia o rentabilidad, sino por la capacidad de conectar con las necesidades reales de las personas y generar impacto tangible en sus vidas.

Este nuevo enfoque exige organizaciones más abiertas, ágiles y centradas en el valor que generan. Impulsa una forma de operar que no se limita a desplegar código, sino a construir soluciones que dialogan con la realidad social y económica del entorno.

Lo que viene no es solo más rápido: es distinto

Lo más relevante de Bre-b no es su infraestructura técnica, sino la oportunidad que abre para redefinir cómo se diseña y se entrega valor financiero en el país. Y esa transformación va más allá del regulador: involucra a todo el ecosistema, entidades tradicionales, fintechs, redes de pago, integradores y, sobre todo, usuarios.

Construir esta nueva etapa requiere mirar más allá de la eficiencia. Implica una visión sistémica, donde la tecnología sea habilitadora y no el fin, y donde la arquitectura de software esté al servicio de la arquitectura social que queremos consolidar.

Conclusión

Bre-b simboliza un cambio de época. No solo moderniza la infraestructura, sino que plantea un nuevo contrato entre los ciudadanos y el sistema financiero: más transparente, más conectado y más humano.

Quienes entiendan esta transformación como una oportunidad estratégica, no solo como una obligación técnica, estarán mejor preparados para construir el futuro de la banca en la región.

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